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EL MORADO

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PASIÓN Y COMPASIÓN EN LA OBRA DE MARIO VARGAS LLOSA

PASIÓN Y COMPASIÓN EN LA OBRA DE MARIO VARGAS LLOSA

POR: Noé Santa.

 

Es en la acusación de la vida

donde se encuentra la dignidad fundamental del pensamiento

y todo pensamiento que justifica realmente al universo se envilece,

apenas es otra cosa que esperanza.

 

ANDRÉ MALRAUX, La condición humana.

 

En torno al contenido de la narrativa —sustento de la obra— y una vez revisadas sus estructuras y técnicas narrativas, Mario Vargas Llosa ha mantenido una idea que es casi un lugar común entre los escritores: estos contenidos deben tener como eje central al hombre, abordarlo en todas sus facetas. Sabemos que todo el arte lo expresa no sólo en tanto que procede de él sino aún como tema central. Esa gama recorre todos los estados y circunstancias que vive: del humor a la seriedad, lo cómico a lo trágico, lo festivo a lo melancólico…

Tal idea de Vargas Llosa no necesariamente indica que el arte, en este caso la literatura, haya optado siempre por ficciones reconfortantes o vistosos juegos verbales desentendiéndose por completo de la condición humana, pues ésta no sólo consta de situaciones desalentadoras o infelices. En esa línea del arte existe la recreación de la recreación, un espacio de sueños, lúdico, festivo y fantástico, que se asoma a ese otro rostro deleitable del cual formamos parte y en el que casi siempre quisiéramos estar: la alegría, y que por supuesto también conmueve.[1]

No es este rostro del que nos ocuparemos ahora. Es el lado de fractura, caída, descolocación, que ha acompañado al hombre en toda su odisea. Situaciones a las que tarde o temprano se enfrenta y padece. Aquí a la par de una profunda reflexión que intente aproximarse al porqué de estos trances o se persiga un signo o un fin, tenemos que enfatizar la recurrencia del arte por conmover a sus espectadores con personajes-protagonistas indefensos, desnudos, enfermos, incomprendidos, a contracorriente, marginados, insatisfechos, impotentes, abandonados, precarios, perseguidos, ultrajados… utilizando este recurso como un ingrediente, sostenemos, esencial para su obra. El que le da eficacia. 

De cualquier forma el sentir general es que nadie está satisfecho y su inmediata consecuencia en el espectador (lector, etc.) es la conmoción y la compasión por identificarse con lo que les sucede a los personajes, compartiendo “su” —“nuestro”— instante desdichado, exhibiendo la miseria humana, su fragilidad, y resolviéndose a la par en excelente materia para la reflexión.

Seguramente extraída y trabajada en contextos religiosos pero sobre todo de un alma sensible, la compasión es el sentimiento que provoca estar ante el que sufre, al desplegarse, este sentimiento se parece más al amor que a la lástima porque involucra y acompaña. Los actos de los personajes nos deletrean, nos aproximan por vía inesperada al prójimo, descubren nuestro yo –“el otro”- en el infortunio. La lástima, por contrario, toma distancia, el que la siente ciertamente no se muestra indiferente pero tampoco concernido. En cambio, hay en la compasión un sentimiento de identificación, amor y acompañamiento, espejo de la condición humana. Su etimología así lo define: sufrir juntos.

Cuando lloramos la partida de Alfonso Quijano, dice Borges, lloramos la partida de alguien más, una presencia querida y entrañable. La vehemencia por encontrar justicia de Mayta, personaje de Vargas Llosa, es la misma de nosotros por un mundo más justo. La discriminación e intolerancia por las ideas de este personaje alguna vez nos tocó padecerlo. El abandono, la prisión y olvido de “El Carrizos” en  Los Ladrones Viejos, también pueden ser los nuestros.[2] La vulgarización de la muerte y la indiferencia no sólo la reconocemos en la obra de Tolstoi, (La muerte de Iván Ilich), la hemos atestiguado muchísimas veces.

            En La narrativa de Vargas Llosa, de José Luis Martín, encontramos lo que Llosa piensa al respecto: “Toda auténtica novela tiene como sangre y sustancia al hombre mismo”[3]; Ernesto Sabato en El escritor y sus demonios, extiende: La escritura tiene que tocar la condición humana, pero este autor sugiere que tal condición es la que retrata precisamente su lado desafortunado, el que “emparenta” a los hombres en el infortunio. Concluye Vargas Llosa en el citado libro: la materia fundamental de su narrativa es la vida o los girones de la vida…

Aquí nos viene a la mente una de sus novelas más recientes, El paraíso en la otra esquina, donde sus dos personajes principales recrean tal condición.

Flora Tristán, una activista social, tiene el trauma de un marido abusador que trató de matarla, vive con una bala alojada junto al corazón que no pudieron extraerle, su salud es frágil, de pequeña padeció apuros económicos, siente el rechazo por ser diferente en sus ideas (impensable en una sociedad machista). Por su parte su nieto, Paul Gaugin, es un pintor víctima de una “enfermedad impronunciable” (sífilis), en una parte se narra un suicidio frustrado pues ya no tiene fuerzas para seguir soportando, entre fases de depresión y agonía terribles.

Estas descripciones crean una imagen permanente en el lector, ya que es sostenida su referencia a lo largo de la narración. Queremos hacer énfasis en ello, ¿lo repite las veces que son necesarias para no perder el hilo conductor en la novela? ¿para cumplir un requisito presentándonos sólo a los personajes? éstos, ya casi para resolver el plan de la novela —su desenlace— se les acentúan sus padecimientos hasta que finalmente mueren. No es pues un mero compromiso descriptivo. En nuestra experiencia lectora se les recuerda más a Flora Tristán y a Paul Gaugin por las circunstancias que padecieron y que en ellas se desataron las emociones que venimos señalando.

Insistamos, esto no es el leimotiv de la obra pues esta se concentra en los quehaceres de sus personajes: Ella es una activista social que emprende una cruzada por la redención de la mujer y el proletariado; Él (llamado también Koke) es un pintor que abandona todo en París para irse a la Polinesia buscando una cultura no tan “contaminada” que le permita inspirarse, acercarse a un mundo que le otorgue otro tipo de magia y se sienta libre y “primitivo”. No obstante lo otro, son cuadros repetidos: Una Flora y un Gaugin sufriendo y, en el juego de niños al que alude el título del libro, un paraíso que constantemente se mueve, cambia de posición y jamás, humanamente, se puede acceder a él.

No son pocos los ejemplos que se repiten en este autor ni somos tan asiduos en sus páginas pero recordamos en Historia de Mayta un idéntico procedimiento. Mayta, su personaje principal, es un comunista homosexual. La historia refiere un intento de revolución frustrado en el Perú en el año de 1958.

Veamos, ya el mero planteamiento nos habla de un descontento y el maltrato físico y psicológico al que se expone Mayta, personificando la marginalidad, el descontento y la reivindicación violenta.

En otro logro de Vargas Llosa por crear imágenes imborrables, a Mayta se le recuerda, paradójicamente, olvidado, víctima de la injusticia de su tiempo, nostálgico, viejo y enfermo. No es que los detalles de sus quehaceres en el resto de la obra se tornen irrelevantes, seguimos la misma preocupación de Vargas Llosa por tocar la condición humana: El individuo torturado y corrompido.

En ese tenor qué podemos decir de La fiesta del chivo, donde su autor nos presenta narraciones muy escalofriantes de un régimen dictatorial en República Dominicana. El tirano que encarcela, persigue, golpea y ultraja. Su personaje central, Urania Cabral que ha vivido este régimen y ha sido su víctima, regresa a este país después de muchos años buscando una reconciliación con su pasado. Pasa de la brutalidad a la ternura. Una lucha interna por perdonar a quienes la agredieron.

En nuestro parecer nada conmueve más que las experiencias que sufre ella y los demás personajes. Vejaciones, abuso sexual, injusticia. Pero acompañadas de un deseo de redención, de buscar un sentido a la existencia.

Así la literatura de Vargas Llosa nos crea un mundo bastante identificable con el nuestro —evidentemente en su aspecto vital-. No ignoramos el artificio de la literatura, la ficción de una obra —todas lo son—, pero coincidiremos que su trabajo no es comparable a otras ficciones donde sus mundos sólo son válidos y posibles dentro de un perímetro de imaginación bien definido. Pongamos por ejemplo las novelas y el cine futuristas, la ciencia ficción, los divertimentos de Juan José Arreola, los juegos de lenguaje de la narrativa contemporánea, las improvisaciones del jazz, etc. En sus trabajos hay un referente del hombre con su mundo que queda confirmado en sus preocupaciones sociales y de la misma manera ocupándose del individuo, el que en su isla sufre.

Vargas Llosa no evade la tragedia humana, por el contrario, se sumerge en ella y descubre que es posible arrancarle belleza y estremecimiento. Nos presenta un “drama” donde sus personajes nos conmueven por su condición de frágiles, pero no es sólo su indefensión a secas, trabaja algo más, crea una suerte de filtro que permite ver con otros ojos lo que ocurre en la condición humana que reside en el hecho mismo de que nos atrevamos a verlo y, reconociéndolo, enfrentándolo, de alguna extraña manera redimirnos. Sustancia de lo inconsciente común a todos los hombres que nos habla de un miedo a padecer, de morir y del intento de trascenderlo mediante construcciones intelectuales plenas de belleza.[4] Ejemplos de tal proceder abundan en el arte que por lo demás no quiere deleitarse en la tragedia ni ser pesimista a título gratuito —aún si tratara el pesimismo—. En ese sentido la literatura no es trágica, es trágica la existencia, y, como dijera el propio Malraux, el arte ya no es un refinamiento que consuela y reconforta al hombre sino que lo rescata, creando su propia magia de eternidad —dice Borges—, no remediando ni mucho menos proponiendo soluciones.

El sufrimiento de los personajes, la salud que no recuperaron, su trascendencia, etc. tiene más peso que en la obra que opta por los finales felices o los juegos evasivos no tanto por su “no-ver consentidor” sino proclamar un triunfo mentiroso y transitorio.

Para fortalecer esta idea en una discusión a propósito sobre quién es más grande en Uruguay, Benedetti u Onetti, dice Germán Dehesa:

“(…) la literatura (el arte) es una herramienta que nos fue dada para vislumbrar un paraíso, pero sobre todo, para adentrarnos en las veredas que conducen al infierno (…) Yo considero que los grandes autores son esos seres intrépidos que llegan a conocer y a describir el infierno y que viven para contarlo. Ésa es la diferencia, la abismal diferencia, entre Onetti y Benedetti, entre Rulfo y Fuentes, entre Dostoievsky y Tuergueniev.”[5]

El infierno humano al que se refiere Dehesa, ya lo sabemos, asume todas las formas de la desdicha.

Asimismo entendemos el trabajo del artista. Dice a propósito Octavio Paz en El laberinto de la soledad:

La historia (entiéndase la existencia humana) tiene la realidad atroz de una pesadilla; la grandeza del hombre consiste en hacer obras hermosas y durables con la sustancia real de esa pesadilla. O dicho de otro modo: transfigurar la pesadilla en visión, liberarnos aunque sea por un instante, de la realidad disforme por medio de la creación.[6]

Evidentemente partimos de la idea que la existencia es caótica, se rompe, se cae a pedazos. El artista procede entonces no evadiendo estos tópicos, sino tomándolos, sumergiéndose en ellos y esa desventura hacerla habitable y comprensible.

Para Octavio Paz y sus trabajos dialécticos en El arco y la lira la caída del hombre es necesaria. Forma parte de un sistema de correspondencias y compensaciones vitales que, en la poesía, conducen a la plenitud, coincidiendo con el hecho estético (La belleza en la conmoción). Es reunión de contrarios. Por ello estos ejercicios no le parecerían extraños, aún más, son imprescindibles: mostrar ambos polos para presentarlos como el resultado final del arte. Si el poetizar realmente descubre nuestra condición original y permanente, afirma la falta. Una condición que carece o será mutilada. (pág. 158, La revelación poética). Octavio Paz se pronuncia por buscar el “regreso” al estado original, a restituir lo perdido por medio de la creación. Es posible para él, ver a través de pequeñas rendijas de la lectura, brevísimos instantes de paz, de goce.

Se pronuncia también por la búsqueda en la obra del instante relampagueante donde el hombre, por medio de la fusión de contrarios, se reconoce. En la necesaria caída. (En Urania Cabral, en Mayta, en Paul Gaugin, etc., los personajes de Vargas Llosa).

Advierte la plenitud en la carencia, la compañía en la soledad, la alegría en el sufrimiento, la vida en la muerte. La vida en la muerte.   

 

[Imagen: Harmennsz van Rijn Rembrandt. Filósofo meditando. 1632. Óleo sobre tabla. 28 x 34 cm. Museo del Louvre. París. Francia.]



[1]Pensemos en el humor y la ironía en la obra de Ibargüengoitia. En los narradores contemporáneos: Gonzalo Celorio, Enrique Serna, etc., En los bailes folklóricos, las danzas, las comedias

[2] Heidegger considera fríamente la condición humana y anuncia que esta existencia está humillada […] Se mantiene en este mundo absurdo y acusa a su carácter perecedero. Busca su camino entre estos escombros. Camus, Albert, El mito de Sísifo, Alianza Editorial, Madrid, 2006.

[3]Martín, José Luis, La narrativa de Vargas Llosa, Acercamiento estilístico, Editorial Gredos, Madrid España, 1979. Pág. 66.

[4] Ortiz Quezada, Federico, Muerte  Morir Inmortalidad. Taurus. Mèxico, 2005.  Cursivas.

[5] Dehesa, Germán. De aquí para allá  “Con la pena IV”. Reforma, viernes 22 de Mayo de 2009. Las cursivas son mías.

[6] Paz, Octavio. El peregrino en su patria. El laberinto de la soledad. Obras completas 8. Fondo de Cultura Económica. México. 1994. Pág. 114.

 

SILENCIO

Bernardo Miranda

Bernardo Miranda

 

POR: Abraham Suárez.

Cierta mañana calurosa de agosto, Bernardo Miranda se levantó más temprano que de costumbre, se puso un pantalón azul y una camisa blanca; todavía se abotonaba la camisa cuando bajó rápidamente las escaleras, llegó a la cocina donde se escuchaban los chillidos del aceite hirviendo y ya se respiraban los vapores matutinos de los chilaquiles recién hechos; tomó el café preparado por doña Soledad y desayunó rápidamente. Le pareció extraña esa actitud a Soledad pero no tomó mucha importancia mientras continuaba con las tareas del hogar, así era ella, pues pensaba que eran asuntos de jóvenes, además que desde hace algunos años parecía no preguntarle nada aunque no dejaba de darle recomendaciones, consejos y rezar siempre por él, pues lo quería como a un hijo.

Bernardo caminó aprisa, pero con cuidado de no despeinarse ni sudar por la carrera; su destino sería el ver a Catalina Alfajores una joven de buen parecer que conservaba la bella inocencia en su mirada. Él siempre vio a Catalina jugando entre papalotes, le parecía una joven agradable como todo el pueblo lo diría, algo reservada y tranquila pero siempre demostrando su educación y sus buenos modales, cada domingo se le veía en misa de nueve, sólo ella sabía cuánto disfrutaba el caminar por el atrio, el pasear por las florerías del mercado, amaba el oler estos perfumes; era conocida por el oficio familiar de la panadería ya que los Alfajores tenían fama de hacer el mejor pan de la región, además de ser muy saludadores; había quien caminaba largas distancias para comprar el pan con ellos, y era una delicia pasar por su acera devorando con el olfato unas ricas mantecadas.

Bernardo dedicaba sus pensamientos más recientes a pensar en Catalina, la imaginaba, la soñaba, la anhelaba, todo esto a partir de aquella mañana en que chocó con ella en el mercado. Esa mañana él caminaba algo despistado por uno de los pasillos, vigilaba concentrado no olvidar nada de la lista encargada por don Gregorio, y mientras caminaba se encontró con un tumulto de gente entre los que descuidadamente tumbó una canasta de naranjas que con cuidado mantenía Catalina; las naranjas rodaron por el suelo, hubo quien resbalo con ellas aplastando un costal de cebollas. Ella con esto parecía no tener expresión, y él al ver dicha hazaña avergonzadamente tartamudeó ofreciendo una disculpa, también propuso comprar más, pues las anteriores que no fueron pisoteadas habían sido recogidas  por niños pequeños, Catalina aceptó con una linda sonrisa, la  que provocaba en él hormigas en la garganta, su sangre cambió de ritmo en ese momento, como si sus ojos se hubieran dado cuenta de algo maravilloso, y se congelara en su mirada que más que nunca la encontraba atractiva. Esa noche no durmió, no era el calor lo que le quitaba el sueño, sin duda para él se avivaban los recuerdos, la recordaba y pensaba en su sonrisa, en  sus labios, en sus ojos que hipnotizaban segundo a segundo su alma perdida y temblorosa; su cara tonta acompañada por una  mirada perdida provocaban en sí una sonrisa despistada, su voz sólo pronuncio monosílabos, lo que reflejaba el sentimiento que le hacia recordarla.

Bernardo, hijo de Mercedes Molina parecía ser un chico listo aunque cargaba con un rostro confuso, era agradable y cordial en ciertas ocasiones, no era de mal aspecto ni era mal educado, hablaba con propiedad, comía con cubiertos; aunque no tenía muchos amigos cada que podía salía con ellos a  platicar cosas sin importancia. Bernardo a la edad de seis años sufrió la pérdida de su madre, recordaba profundamente su funeral y el olor a vacío que sintió esa noche, tuvo frío, tembló y lloró lentamente mientras caminaba entre los que lo observaban, mudos y tiesos sin ninguna gracia ni afecto, parecía no avanzar la noche, como una tormenta gruesa por una calle larga en la que caminaba despacio y con el semblante destrozado. Soledad tomó su mano, la apretó con fuerza y él recibió una  muestra de dulzura sincera, él no se alejó de ella  abrazándola estrechamente mientras le brotaban lágrimas que deslizaban por sus mejillas en un acto mudo. Soledad Gayo era la sirvienta de la casa; a partir de ese momento se encargó del pequeño Bernardo, le inculcó buenos hábitos y se preocupó por su buena educación, el niño la quería cada vez más, así como se alejaba de la pena con el delicioso sazón de Soledad.

Pasaron los días, y estos se hicieron meses, los meses cada vez más lentos, las tallas cambiaban mientras la cara de Bernardo se hacía más larga, sin darse cuenta Soledad un día despertó viéndolo diferente, lo miró detenidamente, ahora estaba alto y más fuerte, le revisó cada detalle, y viajó entre sus recuerdos al observar las cicatrices que tanto conocía, pareció sonreír, le vio un brillo en la mirada que delataba sus ganas de vivir, se sintió satisfecha como cuando probaba el arroz y estaba bueno.

Fue por ese tiempo que Bernardo trabajo de asistente con don Gregorio Fonseca, encargado de la botica a la que asistía todo el pueblo para comprar remedios medicinales; don Gregorio era un hombre sencillo con cara de ardilla, usaba lentes de botellón y hacia sonidos nasales casi todo el tiempo, dedicaba largas horas a escribir con una pluma mordida en una libreta amarillenta anotaciones que sólo él entendía. Bernardo empezaba a aprender y a apreciar un poco más el oficio, le agradaban los olores emitidos por sustancias que poco a poco descubría a accidentes y a coscorrones del viejo Gregorio; le cautivaban las propiedades del eucalipto así como los sabores de la menta, era atraído también por el oloroso café que se hacia en “El sabor de la flor” un pequeño establecimiento de enfrente que se distinguía por una buena sazón, donde se podía comer de casi todo, siendo atendido con un servicio amable y veloz mientras se escuchaban los crujidos de fritangas que continuamente se incorporaban al aceite, se oían las órdenes de doña Carmela, los ruidos de los platos y cubiertos que chocaban entre sí. Bernardo bañado de ruidos, olores y polvos en las manos atendía los encargos de don Gregorio, cumplía sus instrucciones esperando algún día en que pudiese atender la botica; así pasaba el tiempo, cavilando, soñando despierto, como si navegara en mares mentales, a menudo se le veía pensativo y distraído, algunos pensarían que en algo de mucha importancia cuando realmente eran cosas insignificantes, eso  al menos creía don Gregorio quien gruñendo amenazaba con una mano en alto al pobre de Bernardo. La botica figuraba estar casi siempre sola en un contraste de sombras, con su mostrador angosto, una cortina percudida y rasgada, cautivaba la atención sorprendiendo a los incrédulos aquella cantidad de sustancias acomodadas en los anaqueles y en el centro del techo un ventilador mugroso con aspas rechinantes que no dejaba ni un segundo en paz los tímpanos de quien estuviera cerca.

Bernardo caminó por la avenida central sin más destino que el llegar a casa de los Alfajores, como ya era costumbre en los últimos días, él aventaba una pequeña piedrita a la habitación de Catalina, ella se asomaba cordialmente  saludando, luego, él dejaba en un escalón una flor diferente a la del día anterior y cumpliendo esto continuaba su trayecto a la botica sin despegar los ojos a aquella ventana. Cada día pasaba haciendo lo mismo provocando en ella  emociones que hacían temblar su corazón, sus manos sudaban y hacían que escribiera versos esperando la próxima flor; el día que dejó margaritas se durmió entre su aroma, cuando le llevó acacias quedó cautivada entre caricias que se imaginaba entre la boca, cuando llevó lilis no se cansó de apreciarlas, comió fresas y manzanas como si éstas le aliviaran la pasión que sentía al oler aquellos perfumes. Lo mismo hizo con los tulipanes y las rosas continuando así con las gerberas. Pasaba el tiempo y él ahora escribía mensajes entre los pétalos, dejaba notas esperando una pronta respuesta. Bernardo esperaba cada domingo con ansias pues la veía en la parroquia, y Catalina de vez en cuando volteaba distraída sonriendo cuidadosamente, simulando ventilarse con su abanico; la buscaba más seguido en el mercado e iba a la panadería dos veces al día sin comprar nada así como ella buscaba cualquier pretexto para ir a la botica; donde el amable le regalaba esencias con cuidado de no ser descubierto por don Gregorio.

Ella enamorada dedicaba el tiempo a pensar en él, no había hora en que no estuviera en su pensamiento provocando en ella una serie de largos suspiros a los que dedicaba gran parte del día, se distraía poco y volvía a pensar en él, suspiraba cada vez más, tanto que llegó a parecer un exceso, suspiraba demasiado lo que causó que su delicada voz temblara, así siguiendo con este ritmo, un día ventoso debido a su nueva costumbre dejó de respirar, sus ojos atónitos y estupefactos mantenían la desesperación, sus labios ahora resecos y sus ropas bañadas en sudor revelaban que se encontraba muerta. Ella tenía entre sus brazos cada una de las flores que Bernardo le había llevado, se leían algunas frases de enamorados en los pétalos mientras su hamaca se movía por causa del aire. Sonaron las campanas de la parroquia y la gente del pueblo caminaba entre las calles con un rostro flaco hacia el sepelio, la noticia corrió como pan caliente, de ese que en la semana los Alfajores no prepararon por el luto; se supo la muerte pero jamás se divulgó la causa ya que era penosa y desconcertante. Bernardo lloró en el funeral y estuvo pendiente del entierro. Fue tanta su tristeza que no habló con nadie, destrozado caminó por la calzada sin pararse mientras unas  gotas enjuagaban su cara desvelada y sin consuelo, quien lo vio diría que llevaba un ramo de flores que sin querer destrozaba en la pared, sus lágrimas constantes bañaban su cara desgraciada, formando con su aliento seco y su sudor maloliente una esencia nostálgica, su rostro pálido lleno de mugre fue visto por la banqueta, se desmoronaba en cada paso que daba. Era sólo un bulto que caminaba. Comenzó a comer flores, pasó por los jardines y los maceteros; comió rosas, margaritas y jazmines, devoró agresivamente los girasoles y sintió que el polen le quemaba la garganta, siguió llorando y comiendo flores bañado del perfume de las azucenas y bugambilias, no paraba de gemir al masticar las últimas begonias y todavía con restos de los anteriores crisantemos acabó desquiciado con los alcatraces de doña Fernanda. Aún tenía pétalos en las manos cuando cayó entre piedras y lodo, seguía llorando, le ardían los ojos por tanta lágrima, sintió que tenía fuego en la garganta, que le quemaba el estómago, quiso seguir comiendo aquellas que ya nunca podría entregar a Catalina y pensando en su dolor siguió masticando, como si así evitara saber de su muerte, se envenenaba entre lágrimas y flores, empezó a escupir sangre ahogándose entre su propio vómito, muriendo desangrado rodeado de un perfume pestilente que acompañaba su cara triste.

Sin querer empezó a avanzar, trató de detenerse y fue inútil, no supo que lo movía ni tampoco hacia dónde, tuvo frío, pensó en gritar pero no pudo, sus labios muertos hacían que su voz se perdiera alrededor de sus oídos sordos;  se encontraba en un lugar extraño donde sentía miedo al no reconocer ni escuchar nada, parecía un sueño todo se veía solo, el cielo naranja insinuaba que iba a anochecer mientras el suelo en tonalidades grises y azules invitaba a caminar entre él. Creyó estar perdido. Supo que era un bosque cuando al caminar por una vereda se dio cuenta que pasaba entre arbustos y árboles secos, su alma sin rumbo, no recordaba nada, pero conforme avanzaba ilusionado por las figuras y las sombras se quedaban atrás los olores a flores. Bernardo escuchó un zumbido, fue lo único que percibió hasta entonces y admirado sonrió queriendo saludarle; no vio nada, pero de haberlo echo, con gusto le hubiera hablado. Siguió sin notar alguna diferencia en el trayecto poblado sólo por ramas secas y piedras grises, que parecían haber olvidado la última tormenta. Caminó y así lo hizo por mucho tiempo, para él parecía no existir el cansancio ni el tiempo, oyó un ruido que pareció un relámpago, empezaba a llover haciendo en aquella tierra un lodo morado y caminó más aprisa con cuidado de no mojarse, aunque quedó empapado no sintió lo fresco ni se dio cuenta del aire que arrancaba las últimas hojas que quedaban en los árboles, vio relámpagos y fue en dirección contraria  por una angosta vereda de piedras chuecas que parecían querer que tropezara. Sus ropas eran elegantes y obscuras, y aunque a él le gustaba vestir bien, no entendía por qué esta vez traía puesto eso, se sentía desorientado y trató de recordar, se sentó sobre unas raíces cubiertas de hojas secas, de las que tomó un puño y se las acercó a la nariz; emitían una frescura que incitaba a seguir su aroma, la tomó cuidadosamente sabiendo que era eucalipto, acordándose entonces de aquella botica y sus sustancias acomodadas detrás del mostrador, vio cómo la botica aparecía frente sus ojos, con la calle y sus habitantes, se dirigió hacia allá donde no se encontraba nadie más que don Gregorio que estaba leyendo el periódico y fumando un cigarrillo, al querer Bernardo hablarle, no pudo ni tampoco logró que lo viera, fue atraída su vista a aquellas páginas donde podía leerse en un encabezado la frase “joven muere entre rosas” y al fijar la vista detenidamente se dio cuenta que decía su nombre. Se acordó de su muerte recordando también lo sucedido con Catalina, sintió como sus pelos se ponían de punta  y fue cuando recordó aquello que a cada rato pronunciaba  de forma soberbia Soledad Gayo y la que nunca había logrado descifrar “el mundo de los vivos es solo ellos”, supo que no era correcto seguir en este mundo, pues  él sabía que cuando los muertos se quedaban, es porque algo debían. Caminando por la calle se dio cuenta del destrozo en los jardines y algunas macetas, mientras paseaba no pudo ver flor alguna como si un huracán o un demonio hubiera arrasado con toda flor, pensaba en Catalina y su mala fortuna pero lo aliviaba el recordar su linda sonrisa; caminó como ya era costumbre en los últimos días, esperando esta vez encontrar un rastro de que sirviera para llegar con ella, tomar sus manos y acariciar su vientre. Encontró una margarita valiente que solitaria aun se veía bella. Bernardo trató de escuchar pero sólo oyó el chiflido del viento que sacudía a los árboles en dirección al sur y de donde se veía la silueta de Catalina. El corrió hacia ella, pasó por la panadería y luego por unos callejones, siguió por el mercado, lo esperaba en el lugar justo donde chocaron por primera vez. Ella hizo la misma sonrisa de aquel día, la misma que a él provocaba hormigas en la garganta; él la abrazó fuertemente entre sus brazos suspirando junto a su cuello y entregándole la última margarita. Así los dos se amaron por la eternidad, puesto que no existía ninguna fuerza ahora que los separara; su amor era perpetuo y puro de cuya pasión había traspasado las barreras de los vivos para colarse en la eternidad de los muertos.

 

El renacer del Corrido en el norte de México y la nueva generación de la música de acordeón y bajo sexto.

El renacer del Corrido en el norte de México y la nueva generación de la música de acordeón y bajo sexto.

Por: Luis Omar “Gato” Montoya Arias

Los dos nacieron valientes

y por valientes murieron

como en tiempos del oeste

se batieron en un duelo.

— I —

Manifestaciones populares como la música de acordeón y bajo sexto, han sido desde hace por lo menos seis años, objeto de nuestra investigación. Los actuales estados de Nuevo León, Tamaulipas y el valle de Texas, constituyen la región en la que surgió la música de acordeón y bajo sexto ligada a la vida cotidiana de los grandes conglomerados humanos, de las masas, del pueblo como tal. Ahí radica justamente su vigencia, en las funciones sociales con las que cumple, además por supuesto del papel que desempeñan los medios de comunicación, específicamente Televisa, a través de sus ramificaciones como lo es Fonovisa y Univisión. Sin olvidar, claro está, la importancia que ha tenido y sigue teniendo el señor Servando Cano, empresario regiomontano que tomó la estafeta dejada por Felipe Valdés Leal, otrora defensor y promotor de la música de acordeón y bajo sexto.

La música de acordeón y bajo sexto proporciona identidad a los habitantes del norte de México, región configurada a partir de las migraciones europeas durante la primera mitad del siglo XIX — musicalmente hablando —, provenientes de territorios que en la actualidad son Alemania, Polonia, Austria, Rusia. Con estos migrantes llegaron también el acordeón, la polka, la redova y el baile de salón. Con el transcurrir de los años y las décadas esta música de origen europeo se adaptó a una realidad distinta involucrándose diversos factores como la geografía histórica, el clima, la alimentación, los problemas sociales que ni duda cabe eran distintos a los europeos, lo que orientó las temáticas en otro sentido.

El giro cultural, el rompimiento histórico clave para entender el momento actual de la música de acordeón y bajo sexto es 1940 cuando los Alegres de Terán de Tomás Ortiz y Eugenio Abrego graban Carga Blanca de Manuel Valdés, por dos razones fundamentales: porque significó la comercialización a gran escala de este género musical, y porque se grabó un corrido de gomeros, es decir, aquel que narra historias de traficantes de drogas. El corrido es parte de la poesía popular de los mexicanos. Este hecho fue un intento por mantener vivo el espíritu de un pueblo que ha sabido reír, llorar, gritar, y delatar injusticias a través de la letra cantada.

Los Alegres de Terán y Felipe Valdés Leal marcaron pauta a intérpretes y agrupaciones posteriores que hicieron del corrido y de la música de acordeón y bajo sexto una forma de vida que proporciona identidad al norteño, entendido como aquel que habita los estados actuales de Nuevo León, Tamaulipas en México, y el valle de Texas en los Estados Unidos de Norteamérica. A partir de ellos dicho género musical sufrió una transformación adaptándose a los nuevos tiempos, reflejando a través de sus letras las preocupaciones y problemas propios de nuestro tiempo y de nuestras sociedades. Después de ellos vinieron infinidad de intérpretes, destacando los Relámpagos de Norte de Cornelio Reyna Cisneros y Ramón Ayala Garza.

— II —

En el pasado mes de marzo visitando la tienda Mixup, sucursal Culiacán Rosales, Sinaloa, en una revisión de rutina me percaté que dos agrupaciones iconos de la nueva generación de la música de acordeón y bajo sexto, oriundos de la ciudad de las montañas: Monterrey, Nuevo León, México, recién sacaron al mercado disco de corridos, con todas las implicaciones que esto conlleva. Me refiero al Duelo y Pesado de Beto Zapata y Pepe Elizondo.

Si consideramos que a finales del año pasado el gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Gobernación y del CISEN, hostigó a los Tigres del Norte acusándolos de narcotráfico, sin estar en condiciones de afirmar o negar dicha imputación, nuestra interpretación es la que sigue:

a).- En el fondo de esta investigación a los hermanos Hernández están como motivos principales el haber sacado al mercado dos producciones discográficas, la primera de ellas intitulada Detalles y Emociones, donde encontramos un corrido de gomeros muy fuerte de la autoría de Nacho Hernández: Un hombre de ley. Sin consideramos que desde 1988, año en que Salinas de Gortari llegó a la presidencia de la república vía fraude electoral, la censura y la represión al corrido han ido en aumento, es totalmente entendible que el gobierno mexicano reaccione así. La segunda producción fue una compilación de corridos, incluyendo un tema inédito de nombre El discípulo del diablo, de la autoría del maestro Paulino Vargas Jiménez, donde se exhibe y denuncia la corrupción de políticos prominentes del México contemporáneo. Como ven, la realidad es distinta a como tratan de hacernos creer nuestras autoridades valiéndose, por cierto, de Televisa y TV Azteca — y de otros medios masivos de comunicación — para legitimar sus imputaciones, sus fraudes electorales, y sus atropellos a la libertad de expresión. Sólo como dato anecdótico, con el álbum Detalles y Emociones, los Tigres del Norte fueron galardonados con el Grammy Latino y el Grammy norteamericano en 2007.

b).- Como una medida absolutamente política, los hermanos Hernández sacaron al mercado su nueva producción: Raíces, un álbum fundamentado en composiciones del poeta guanajuatense, José Alfredo Jiménez. La segunda medida que tomaron fue salir de escena y mantenerse al margen de los medios de comunicación; inteligentemente se “perdieron” mientras la situación se tranquilizaba.

c).- Pesado y Duelo, iconos de la nueva generación de la música de acordeón y bajo sexto, grabaron y ahora mismo están comercializando Corridos: defendiendo el honor, e Historias que contar, respectivamente. Pesado pertenece a Warner y Duelo a Univisión, el primero de ellos públicamente en diferentes ocasiones ha reconocido el apoyo de los Tigres del Norte a su carrera y Duelo pertenece a la misma casa disquera de los hijos de Rosa Morada, Sinaloa. Lo anterior invita a conjeturar y a dejar volar la imaginación.

d).- Las citadas grabaciones sorprenden porque se dan en el mismo año (2008); en Monterrey, cuna de la música de acordeón y bajo sexto; en una situación política y social complicada, en un país donde reina la violencia provocada por los cárteles de la droga. Y aunque Pesado ya había sacado una producción de corridos en sus inicios, ambas agrupaciones regiomontanas estaban avocadas a temáticas poco relevantes, recurriendo a un discurso gastado, limitado y acartonado. Incursionar en los corridos no sólo da un vuelco total a sus carreras, sino que los compromete y colaboran grandemente a rescatar del olvido aparente en que se encontraba el corrido en buena parte del norte de México. De fondo hay una división social marcada pues antes de grabar corridos, ambas agrupaciones estaban entregadas a complacer a un público joven y aburguesado. Al grabar corridos llegan a públicos diversos identificándose con el pueblo puesto que el corrido es una creación de los de abajo. ¡Que friega! Hasta en la música hay clases sociales. El corrido sale entonces de Culiacán y es revitalizado en Monterrey.

Se viene una nueva época de bonanza del corrido en el norte de México y en el Altiplano Central. Festejo la decisión tanto de Pesado como de Duelo, y por supuesto reconozco la vigencia y trascendencia histórica de la obra de los Tigres del Norte, porque gracias a ellos el corrido sigue vivo trascendiendo todas — literalmente— las fronteras políticas y geográficas del mundo occidental. ¡Enhorabuena!

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Disertaciones acerca de "La Biblioteca de Babel" de Jorge Luis Borges

Disertaciones acerca de "La Biblioteca de Babel" de Jorge Luis Borges

Por: Noé Ramírez Solorio

El motivo de esta intervención es destacar a la biblioteca como símbolo del conocimiento, de lo inmenso, lo inagotable que es.

De este escritor argentino se han dicho bastantes cosas, en poco más de medio siglo del llamado “Boom Borges”, nos ha recreado al mundo y la condición humana a través de sus letras, con un estilo increíble de ordenar perplejidades al indagar, cuestionar, ironizar, imaginar… y con un despliegue de figuras, recursos estilísticos, capacidad inventiva, inteligencia, erudición, etc. En este tiempo, que comprende desde 1940 hasta nuestros días, críticos y estudiosos han hallado un elemento persistente en su obra y en el que todos sus lectores podemos coincidir: “en Borges todos sus secretos, todas sus intenciones, están en la literatura”, de ahí que el intento más perspicaz de los biógrafos, por ejemplo, para comunicarnos los aspectos más importantes de su vida, tenga que destacar por encima de otros, una vinculación singular con los libros.

Toda la cascada del lenguaje se hace presente al abordar sus textos, nos remiten, a un lugar que, confiesa, nunca abandonó: la biblioteca de su padre en la que desde niño inició su aventura con las lecturas. La idea es contundente: «Borges es ante todo literatura», un libro suyo remite a otro y ese libro comunica con otro… en una cadena interminable, a perderse en los estantes de una biblioteca (un autor siempre lleva a otro autor) y al decir esto (que Borges es literatura) estamos conscientes del riesgo de que se nos amoneste por desatender al hombre de carne y hueso, que siente, que sueña, al sólo querer apreciar una fría inteligencia. Nada más equivoco porque a través de este medio, las letras, Borges se confiesa; en los símbolos están su sensibilidad, su imaginación, sus temores, sus esperanzas, en suma, los ingredientes esenciales para crear sus ficciones. Borges maravilla y asombra con la estética de su narrativa, en el ensayo, el cuento, la poesía. Es una apuesta por la creación, libertad que dota de significados en una concepción personal del mundo que resalta que la imaginación crea “su propia magia de eternidad”.

Así desfilan los tópicos de sus cuentos desde escenarios regionales, argentinos, hasta territorios metafísicos, en ocasiones confundiéndose (no hay manera de averiguar dónde terminan unos y dónde comienzan otros). Los protagonistas, a veces “reales”, se mezclan con la fantasía. En atmósferas inusitadas se deslizan las inquietudes principales de su autor, esto es: el destino, la muerte, la posibilidad de que nuestra existencia sea un mero simulacro, la falta de respuestas que expliquen el mundo, el tiempo, la exaltación al coraje y la valentía y, por supuesto, el amor a los libros.

En su obra son varios los pasajes que aluden a esta conexión con los libros, haciendo referencia a bibliotecarios, a textos; plagada de citas, comentarios, críticas y discusiones de otros libros, etc.; tal pareciera que el mundo que nos explica Borges es el mundo que reproduce directamente de sus lecturas, no una realidad vital que sentimos enérgica y muchas veces implacable sobre nosotros, dicho de otro modo, al pasar todo por el cedazo de la literatura queda la incómoda-extraña sensación de ser falso, vivir en lo postergado, de ser una actividad que versa de una cosa que a su vez versa de otra... y así, infinitamente, pero nunca arribando a la realidad al contacto con las cosas. Es el principal reproche de sus críticos. Sin embargo es cuando entra el artificio, es decir, el quehacer del escritor, haciendo incluso “más reales” los acontecimientos que narra, ello, con la complicidad de los lectores. No encuentra forma más eficaz de examinar la condición humana como lo hace todo arte o todo trabajo que se precie como tal, el que explora la conciencia, comprende, propone una teoría estética, comunica, asombra, emociona y conmueve.

La relación Borges y biblioteca traerá como consecuencia uno de los cuentos más emblemáticos en la narrativa del escritor argentino, “La Biblioteca de Babel”, en el que sobresalen los símbolos “borgeanos” más conocidos: los espejos enfrentados, el laberinto, los sueños, los orbes afantasmados…

Este cuento, con pocos paréntesis narrativos, expone la postura del escritor, define su credo filosófico, deslizando interrogantes que desde siempre han preocupado y trabajado la imaginación de los hombres, entre otras: ¿qué somos? ¿Qué significado tiene el mundo?, ¿la existencia?, ¿Qué podemos conocer?, ¿y qué pasará cuando termine nuestra vida?, etc.

«La biblioteca en el cuento es el Universo», sin duda es una metáfora bellísima para quien consagró su vida a las letras e incluso fuera director de la Biblioteca Nacional Argentina en 1955, irónicamente el año en que pierde la vista.

La biblioteca, como el universo, es enorme, no basta una vida para recorrer sus galerías, sus estantes, y devorar todos los libros que contiene, resumiendo, jamás se podrá a acceder al conocimiento total, absoluto. Pero el tener conciencia de ello, sin embargo, no debe disuadirnos a buscarlo. Borges en el cuento la ha llamado interminable, infinita, dotada con libros caóticos e impenetrables, maravillosos, con lenguas secretas… en algunas regiones la biblioteca alude a lenguajes remotos, ya desaparecidos y restos incomprensibles; abundan temas que no son de nuestro interés, y, al contrario, secciones que sólo nos conciernen.

Esa nota de desencanto por no acceder a los misterios básicos del Universo más adelante se torna decididamente pesimista; quiere señalar en el fondo la fragilidad humana, lo efímero de su existencia, su precariedad y por otra parte la pobreza de escenario que para Borges es todo el misterio del mundo, que no acabaremos de descifrar y que si no da respuestas tampoco hay motivos suficientes para exaltarlo con falsas atribuciones; éste desemboca, para él, en absurdos y sinsentidos.

Planteado así, en adelante todo se cifra en una búsqueda interminable, pues una vez que Borges se percata de esta situación no renuncia, no vuelve su literatura asfixiante, fatalista, no la convierte en un lugar inhabitable.

En general una vez que constatamos en el resto de su obra una actitud más o menos consistente en la postura del escritor argentino —para muchos agnóstica— distinguimos que sobresale un desafío, o una voluntad que aspira a creer: en la obra los protagonistas se proponen buscar un libro que explique a la biblioteca (entiéndase el Universo), el libro que contenga a todos los demás, que sea un compendio, la suma, explicación de la Biblioteca y, como ésta, sabemos, es infinita, en ella existen todos los libros, todos los temas, en todos los idiomas, por lo tanto es posible que en ella se encuentre ese libro que Borges llama en el cuento “el libro total”, libro que según el planteamiento tendrá la aclaración de los enigmas de la humanidad. Sin embargo ello nunca sucede; al parejo de la posibilidad de que exista el libro está la remotísima posibilidad de que alguien se lo encuentre; el cuento trata de todos los recursos que se emplean para hallar ese libro, los métodos, los esfuerzos, las vidas que se agotan, la desesperación de sus buscadores en las galerías, examinando libros, la desilusión que le acompaña luego de jornadas fallidas, vemos como la nota de desencanto persiste en frases como: “(los buscadores) llegan siempre rendidos”, “otros enloquecieron”, “toman un libro, lo hojean […] Visiblemente nadie espera descubrir nada”; algunos bibliotecarios, y el narrador-Borges se pone de ejemplo, han perdido la vista buscando…

La Biblioteca contiene todos los libros pero no se puede acceder a los que explican los misterios básicos; éstos están vedados al hombre. Al obstáculo de conocer desde nuestras limitaciones y vanos intentos se le agrega la inconmensurabilidad, lo vasto, disponiendo sólo de parcelas, reductos muy pequeños conocimiento. Entonces vienen los reproches de los hombres: se habla de sectas que construyen azarosamente los libros canónicos; están los que eliminaban obras inútiles, los que mueren despeñados… y se formula un desafío a un posible creador del Universo:

“Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno. Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que un instante, en un ser, Tu enorme biblioteca se justifique.”

Notamos en el texto que “Tu” es con mayúscula, asistiéndonos en esta interpretación, dando cuenta de un dios que aparentemente deja su creación sin un propósito claro.

Según se narra en el capítulo 11 del Génesis La Torre de Babel es una construcción con la cual los hombres pretendían alcanzar el Cielo. Yahveh, para evitar el éxito de la empresa (que se oponía a su propósito de que la humanidad se extendiera por toda la superficie de la Tierra, se multiplicara en ella y la sojuzgara), hizo que los constructores comenzaran a hablar diferentes lenguas, luego de lo cual reinó la confusión y se dispersaron. Hay quienes sostienen que estropear esta empresa tenía la intención de acabar con todo intento de supremacía mortal, manteniendo al hombre al margen de una participación divina, como si de un dios replegado y egocéntrico se tratara, idea que antes se confirma en el hecho de prohibir del árbol del conocimiento:

«De todo árbol del huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás». (Génesis 2:17)

Al imponer Dios esta regla, se indicaría que Dios habría reconocido al ser humano como un ser responsable de sus actos; pero recordándole la soberanía de Dios sobre el ser humano y la obligación de estos de guardar sus propios límites y reconocer su condición humana. La confusión es deliberada entonces, tiene el propósito de obstaculizar el conocimiento, todo intento de encontrar respuestas fracasa.

La anterior comparación sobresale en la lectura del cuento, entre el mito bíblico de la Torre de Babel y el de una biblioteca caótica, que Borges ha querido que sea el equivalente exacto del paraíso, irónicamente, claro.

Debemos enfatizar que si bien Borges tiene una conclusión escéptica con matices de desencanto, eso no significa que no crea en algo —o no le apueste a algo—, anulando toda la tradición científica y sus logros alcanzados o permaneciendo en la inmovilidad siendo presa de un pesimismo estéril; tampoco es su intención persuadir a los lectores para no intentar conocer. En reiteradas ocasiones ha privilegiado a la lectura como una actividad hedónica, esto es, el verdadero disfrute de un libro, no forzando a leer a alguien o leer por obligación, también ve en ello un ejercicio en el que se desarrollan perplejidades, asombros, sorpresas que son el principio de toda indagación, de toda pregunta, cuestionando las cosas y eventos que nos rodean y por consiguiente obtener conocimientos; como una anécdota interesante, encontramos en la biografía de Borges que alguna vez comentó a sus alumnos si determinado libro no era de su entera satisfacción lo dejaran, que pasaran a otro, que quizá no era el momento de abordarlo pero que de cualquier manera sus páginas estarían esperándolo.

A través de la escritura Borges ha procurado dotar de sentido al mundo, a la manera como él lo concibe, caótico e incomprensible, sí, pero al mismo tiempo reconociendo que éste ha dejado tenues intersticios de coherencias, patrones, recurrencias, simetrías y la esperanza de que todo esto revele un sentido (la identificación de ciclos, por ejemplo, comportamientos regulares como las estaciones del año, el día, la noche, la vida, la muerte…), ha señalado que otros se aplicaron en idénticas tareas desatando también una búsqueda interminable, pero sobre todo teniendo en cuenta a la imaginación, con ella es posible prolongar esta actividad creando una especie de “fe literaria” que no se rinde ante los embates de lo absurdo.

No se puede entender de otro modo, de un escepticismo devastador que hallamos en “La Biblioteca de Babel” que expone las dificultades de un hombre extraviado en el cosmos, solitario, atrapado en una monotonía circular, desamparado, increpa con hábiles acusaciones al reparar que la biblioteca (el Universo) es inútil y laberíntica, pasarán los hombres y ella quedará sola, dotada con volúmenes preciosos, secreta, sin descifrar; de aquí el escritor argentino se da a la tarea de crear una magia de eternidad configurando lo que llama “una elegante esperanza”; esto sucede, en un primer momento, apoyándose en la literatura, pues mucho antes de reflexionar sobre el tema nosotros, los lectores, ya damos por descontado que le apuesta a ella por el sólo hecho de su utilización, paradójicamente se convierte en el vehículo más eficaz que dispone para comunicarnos los absurdos e inconsistencias del lenguaje, los sistemas de pensamiento y los eventos del universo. En un segundo momento, echando mano de la lógica de las simetrías mencionadas anteriormente (con pros y contras, equivalencias, regularidades, etc). Así, al caos le corresponde un orden como a lo par lo impar, a la infinitud la finitud, al sinsentido un sentido…, por extensión, aplicando esta lógica tarde o temprano, un lector de la interminable biblioteca, encontrará el libro que la explique, en un plazo eterno finalmente dará con él. El caos, repetido, será un orden, regresarán las cosas al mismo lugar.

Recordemos aquella cita donde Borges se contenta con esto, luego de desafiar a un dios, dice: si para él no es la dicha de desentrañar los misterios básicos del mundo sería maravilloso que a alguien se le revelaran. Tal hallazgo implicaría que sí tiene sentido toda la odisea del hombre, su existencia, su esfuerzo, su ciencia. Todo.

Con estos elementos Borges desarrolla sus ficciones, a la par de una teoría estética que se funda en el asombro, en la revelación instantánea, de entrevisiones, desliza sus principales inquietudes metafísicas. La lectura del cuento por lo pronto no es asfixiante y remite de inmediato al motivo de esta plática, la asociación del conocimiento con la lectura y las bibliotecas. Borges procura deleite al lector, medita en temas trascendentales, temas que siempre han causado admiración en la imaginación humana.

Resumiendo, para Borges la lectura es un acto de felicidad, aunque no por eso deja de implicar un esfuerzo; el lector de Borges, en suma, es alguien que asume el desafío, ya sea recorriendo los anaqueles con los instrumentos de la crítica especializada, o simplemente con la duda y la imaginación. Leerlo para generar nuevos eslabones de preguntas y respuestas. Porque su visión de la literatura es un tejido, una construcción que no termina. Un goce permanente.

Ponencia presentada el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor en la Escuela de Nivel Medio Superior de Irapuato, de la Universidad de Guanajuato. Miércoles 23 de abril de 2008.

 

Fotografía en sepia:

Daminco, Alicia. “Jorge Luis Borges en 1963” en Grandes Maestros de la Fotografía Argentina. Bagó, 1963.

In weiter Ferne, so nah!

In weiter Ferne, so nah!

El hombre doblegado ante la Tierra ha creado una imagen de todo para mitigar sus dolores, satisfacer sus sueños, sus anhelos y provocar sus placeres. Son tantas las voces ruidosas y crueles que entorpecen los sentidos: sus corazones se han endurecido, sus ojos están cerrados y sus oídos sordos. ¿Qué es una vida humana? La experiencia del tiempo, el aprendizaje acerca de la muerte, la vivencia del amor, la percepción del mundo en estos tiempos oscuros, son el tema de la película In weiter Ferne, so nah! del director Wim Wenders (1993). Los mensajeros se cuestionan sobre la condición humana, fascinados por su finitud, llevan la palabra a aquellos que dudan: ángeles, mensajeros de luz, porque sólo la luz puede mostrarle al hombre cómo es:

Ustedes, ustedes a quienes nosotros amamos, ustedes no pueden vernos, no pueden oírnos. Nos imaginan tan lejos y estamos tan cerca. Somos mensajeros, para acercar a quienes están lejos. Somos mensajeros, llevamos luz a la oscuridad. Somos mensajeros, llevamos la palabra a aquellos que dudan. No somos la luz, no somos el mensaje. Somos los mensajeros. Nosotros no somos nada. Ustedes lo son todos para nosotros.

Sin perder de vista su misión, Cassiel atraviesa las fronteras para saber cómo ven y escuchan los hombres, la soledad se cierne sobre él y entonces comprende que cada quien crea su propio mundo y es prisionero dentro de él:

¿Qué hago aquí? ¿Sólo esperar que la mañana se convierta en noche y otra vez en mañana? Nada tiene sentido. [...] ¿Cómo ven y escuchan los hombres? Por ahora sólo sé que todo es seductoramente hermoso. Es cálido, cae la noche, las aves celebran, el cielo tiene cierto tono pastel. Pero ¿qué hay más allá? Ya no oigo ni veo el suspiro de la eternidad, ni las leyes universales, ni la luz del amor.

Relatar una película es reducirla, en todo caso este post es para celebrarla y liberar en lo posible el inexplicable gozo que es capaz de provocar el cine de verdad. Comparto los enlaces de un par de videos inspirados por ella, y Der Himmel über Berlin (1987) del mismo Wenders: Faraway so close de U2, y Send me an angel de Scorpions.

 

 

RESIGNACIÓN DEL ORÁCULO... CASSANDRA: JUSTIFICACIÓN Y ESTEREOTIPO

RESIGNACIÓN DEL ORÁCULO... CASSANDRA: JUSTIFICACIÓN Y ESTEREOTIPO

POR: KADATH

“Y sí no me creéis, me es igual.

¿Qué importa? Lo que ha de ser, llegará.

Y tú, estando presente, pronto me dirás,

lleno de lástima, que soy una adivina

demasiado verídica.”

ESQUILO. Agamenón.

 

El mito, uno de los géneros literarios más interesantes por ser considerado un factor del pensamiento religioso, en la mayoría de los grupos sociales ha sido empleado para explicar el entorno, dar un origen o vanagloriar a los dioses sus acciones hechas en épocas inmemorables, pero diferenciado de los demás relatos por su carácter místico y sacro. Los principales géneros de mito son los cosmogónicos y los de origen. En estos se narra el principio tanto de los dioses, como del hombre al igual que el nacimiento del mundo explicando su aparición y justificando su orden como lo dice Mircea Eliade en su obra “Aspectos del Mito” a continuación:

Toda historia mítica que relata el origen de algo presupone y prolonga la cosmogonía. Desde el punto de vista de la estructura, los mitos de origen son equiparables al mito cosmogónico. Al ser la creación del mundo la creación por excelencia, la cosmogonía pasa a ser el modelo ejemplar para toda especie de creación. Esto no quiere decir que el mito de origen imite o copie el modelo cosmogónico, pues no se trata de una reflexión coherente y sistemática. Pero toda nueva aparición […] implica la existencia de un mundo. […] todo mito de origen narra y justifica una <> […]. Los mitos de origen prolongan y completan el mito cosmogónico: cuenta cómo el mundo ha sido modificado, enriquecido o empobrecido. [1]

Sin embargo estos no son los únicos tipos de mitos, pues al tener una explicación algo tan complejo como la misma existencia otro tipo de situaciones como muertes, catástrofes naturales e incluso eventos más humanos como la guerra misma fueron justificados bajo la creación de mitos; acercándonos a la definición dada por Claude Levy-Strauss no es más que reflejo de una necesidad inherente en el hombre de comprender su entorno, una explicación que, si bien le da la confianza de haber interpretado los fenómenos que le rodean, no pasa de ser un simple espejismo del complejo entendimiento. [2] Aquí es donde comienzan a aparecer una serie de personajes a los que gracias al relato mítico se les concede una carga causal de determinados eventos, sentimientos o situaciones que tendrán una trascendencia dentro de la percepción del hombre.

Una civilización que nos obsequia un ejemplo fehaciente de lo anterior es la griega que, en su afán de encontrar una explicación y sentido a todo su entorno, nos heredaron una serie de mitos capaces de dar una explicación lógica (al menos para la época) de cualquier suceso real o situación anímica que los rodeara.

Desde dioses encargados de los sentimientos hasta de eventos más fortuitos, todo tenía una explicación que involucraba uno o más mitos.

De los eventos de interés dentro del ámbito histórico, y de los más importantes dentro de la mitología griega está aquella monumental y trágica guerra troyana descrita por Homero en la Iliada. Primeramente se creyó que era una leyenda en base a un hecho verídico sucedido entre griegos del periodo micénico, pero con las excavaciones del alemán Heinrich Schliemann pudo demostrase la existencia de la ciudad y su destrucción mas, en su momento y como era tradición en aquella Grecia antigua, fue motivo de interés también para la creación de mitos que hasta la fecha son conocidos por nosotros. Desde el mito sobre manzana enviada por Eris a la diosa más bella, hasta el gigantesco caballo regalo de los dioses. Pero existe un personaje al que se le ha relegado dentro de este hecho y, sin embargo se le fue dada por los griegos una gran carga arbitraria dentro de lo concerniente al evento troyano, nos referimos a la trágica Cassandra.

Cassandra probablemente es algo insignificante dentro de la guerra troyana o al menos eso es lo que reflejan textos como el de Homero pues no es mencionada más allá de tres veces y tiene únicamente participaciones sin una gran trascendencia para la trama histórica pero, al enfocarnos al mito y contrastándolo con el hecho histórico, es posible observar el gran efecto que tuvo una mujer como lo fue Cassandra, no tanto en Troya sino en la sociedad griega, sin embargo antes de comenzar con los cuestionamientos veamos algo del mito de ésta excluida mujer.

Cassandra fue hija del rey Príamo y la reina Hécuba de Troya, se dice que ella tenía el don de la videncia gracias al dios Apolo pues éste le había prometido enseñarle a adivinar el porvenir si ella accedía a entregársele. Cassandra aceptó, sin embargo nunca cumplió su promesa por lo que Apolo la escupió en la cara retirando únicamente el don de la persuasión pero dejando el don de la videncia, es decir su don fue envenenado. De Cassandra y sus profecías lo único que se sabe es que aparecen en los momentos cruciales del evento troyano, desde la llegada de Paris donde Cassandra afirma que éste traerá la desgracia a la ciudad, sobre el rapto de Helena donde se supone afirmó que tendría como consecuencia la pérdida de la capital y, finalmente, cuando se opuso junto a Lacoonte a introducir el caballo de madera a la plaza, pues ella sabe y advierte que está lleno de guerreros armados, sin embargo la única persona que le cree (Lacoonte) es devorado por serpientes enviadas por Apolo. Finalmente cae Troya y Cassandra es conferida a Agamenón que se enamora de ella pero éste es asesinado al igual que Cassandra por su esposa Climenestra. [3]

 

Cassandra

 

Dentro del estudio histórico el mito no tiene alcance más allá de ser una elemento que refleja la ideología, estigma que lo ha hecho difundirse hasta nuestros días más como un género literario que como fuente histórica pero, ¿qué sucede cuando observamos algunos mitos en lo correspondiente al hecho humano no como una clarificación sino como una justificación? Entonces es posible creer que adquiriría importancia en la Historia dejando de ser conocidos sólo como uno de los principales elementos de la religión o como un simple reflejo de la cosmovisión.

Aplicando la preliminar cuestión a Cassandra y su mito, éstos adquieren mayor sentido e importancia que probablemente no sea notable en su momento para Troya pero que será rescatada por los griegos para fundamentar uno de sus estereotipos más conocidos, pues, si ésta fue vidente y pudo vaticinar toda la desgracia que caería sobre la ciudad, pero por no haber cumplido la promesa hecha al dios Apolo perdió toda credibilidad, entonces ¿qué sería lo común pensar sobre Cassandra, pudo ser ella la culpable de la caída de Troya o únicamente se le han adjudicado ciertas características a una mujer no tanto para justificar las malas acciones troyanas que los llevaron a la ruina sino para fundamentar el concepto femenino griego?

Al acercarse por primera vez al mito de Cassandra la impresión que generalmente deja es de una mujer traicionera que existió y que pudo salvar Troya de no haber engañado a Apolo, dándose por hecho todo el mito, pero existen varios factores y elementos que bien podrían apoyar la segunda hipótesis, puesto que Cassandra es mujer y, remitiéndonos a la situación que se vivía en Grecia sobre este género, no era algo de lo que se estaba orgulloso, tenían un estatus no más favorable que el de los esclavos, no se consideraba ciudadana sino una posesión al cuidado de un hombre (sea en su condición de hija o esposa) y como lo expresa Nietzsche en su texto “La mujer helénica”: “La mujer griega, como madre, debía vivir en la oscuridad, porque las necesidades políticas juntamente con los más altos fines del Estado así lo exigían”. [4] Jamás existieron escuelas dedicadas a las mujeres y todo se aprendía en el interior del hogar pues la educación no estaba dirigida a ellas con excepción de Esparta y la aparición del circulo de Safo en el siglo VI a.C. Finalmente su condición femenina estaba marcada por el matrimonio, evento que no tenía otro carácter más que el de una avenencia entre el padre y marido.

Tomando en base lo anterior entonces será más fácil imaginar un personaje mujer al que se le pueda adjudicar la culpabilidad de la caída de Troya que a un hombre, además de necesitarse fundamentos para justificar tal relego para con el género, entrando a un segundo factor del análisis puesto, en contraste cuando se revisa lo correspondiente a su hermano Heleno tanto en mitología como su participación en la Guerra de Troya según la Iliada su destino es muy distinto; se menciona que también fue favorito del dios Apolo como Cassandra e igualmente le fue obsequiado el don profético [5] pero, a diferencia de ella, en ningún momento se duda de sus premoniciones y es considerado un oráculo confiable, factor mencionado por Homero:

72 Así diciendo les excitó a todos el valor y la fuerza. Y los troyanos hubieran vuelto a entrar en Ilion, acosados por los belicosos aqueos y vencidos por su cobardía, si Heleno Priámida, el mejor de los augures, no se hubiese presentado a Eneas y a Héctor para decirles:

77 -¡Eneas y Héctor! Ya que el peso de la batalla gravita principalmente sobre vosotros entre los troyanos y los licios, porque sois los primeros en todo empresa, ora se trate de combatir, ora de razonar, quedaos aquí, recorred las filas, y detened a los guerreros antes que se encaminen a las puertas, caigan huyendo en brazos de las mujeres y sean motivo de gozo para los enemigos.[…] [6]

Igualmente se menciona que pelea de forma valerosa, hiere a Aquiles en una mano con un arco obsequiado por Apolo, siempre lucha junto a Héctor hasta que éste último muere, entonces lo reemplaza para pelear al mando pero es herido por Menelao. [7]

Hasta este momento se nos presenta una gran discrepancia entre Cassandra y Heleno en todos los aspectos tanto por la fuente homérica como por la mítica, a lo que puede surgir la cuestión, si se está dando por hecho en ambas fuentes que existió Cassandra al igual que un profeta troyano llamado Heleno, ¿por qué no igualmente pudo ser cierta la versión sobre la pérdida del don profético de Cassandra dejando de ser vista como una víctima de la discriminación griega? Esta cuestión se responde al mencionar que, si bien Cassandra existe en la Iliada nunca se menciona que ella poseyera un don profético contrario a lo que sucede con su hermano, entonces ¿qué sentido tiene adjudicárselo? Para esta interrogante aludiremos un detalle en base al mito de Heleno pues se indica a que éste es raptado por los griegos gracias al consejo de Calcante quien les profiere que sólo Heleno puede revelarles las condiciones que se deben cumplir para poder ocupar Troya. [8] Es forzado, sin embargo también se menciona un soborno que hacen que Heleno exprese su oráculo convirtiéndose en un traidor de Troya. [9]

Nos encontramos probablemente ante el motivo principal de crear un mito sobre una Cassandra profeta; si bien Heleno traiciona Troya por despecho hacia el rey Príamo siendo uno de los causantes de la caída de la ciudad, gozaba de un privilegio del que carecía su hermana, era hombre; por lo tanto al crearse y creerse el mito de Cassandra entonces toda culpa se transfiere a ella no a su hermano pues él actúa ya habiendo estallado la guerra, acontecimiento que ella pudo haber impedido desde un principio al habérsele entregado al dios Apolo o, al menos es lo que intenta reflejar el mito, lográndolo.

Aseveración como la previa podrían discurrir con afirmaciones como la que expresa Jean-Pierre Vernant en su estudio titulado “El sujeto trágico: historicidad y transhistoricidad” al referirse a la tragedia griega pues dice: “La tragedia retoma los temas de la leyenda heroica. No inventa ni los personajes ni la intriga de sus obras. Los encuentra en el saber común de los griegos que concierne a lo que consideran ellos su pasado, el horizonte lejano de los hombres de antaño.[…] estos personajes no eran ficticios, ni lo era el destino que les fue deparado.[…]” [10]

Sin embargo esa fue la creencia griega, creencia que comenzó a forjarse gracias a los mitos tomándose como verdad lo que afirmaban, pero como hemos visto existieron factores más allá del simple hecho que fueron modificando tanto al personaje como sus acciones al difundirse; credos que sirvieron para mantener los estereotipos, convencionalismos y crear justificaciones en base a ellos, por lo que es posible inferir tentando a la Historia que de haber existido alguien como lo fue Cassandra que hubiera salvado la ciudad, indudablemente podemos decir que ni se llamaría Cassandra ni sería mujer y actualmente sólo conoceríamos cierto relato sobre cierto valiente guerrero que logró salvar Troya de su posible fatídico fin pero, como ya lo sabemos, no fue así quedándonos únicamente la imagen lastimosa legada por Esquilo; una Cassandra que se duele por su pueblo y por ella misma; una mujer que pide clemencia y que gritando de forma inútil sus vaticinios, se resigna y acepta su destino: vivir dos veces una misma tragedia y haber nacido mujer.

Referencias Consultadas

Eliade, Mircea, “Aspectos del Mito”, 1ª.ed., Luis Gil Fernández, traductor, Paidós Orientalia, Madrid, 1968.

Esquilo, “Tragedias”, 1ª reimpresión, Concepto, México, 1989, pp.152-161.

Grimal, Pierre, “Diccionario de mitología griega y romana”, 6ª ed., Francisco Payarols, traductor, España.

Homero, “La Iliada”, Versión digitalizada.

Kirk, G.S., “El mito” 2ª reimpresión de la 1ª ed., Teófilo de Loyola, traductor, Paidós, España, 1990, pp. 181-247.

Léví-Strauss, Claude, “Mito y Significado”, 1ª reimpresión de la 1ª ed., Héctor Arruabarrena, traductor, Alianza Editorial, México, 1989.

Nietzsche, Friedrich, “La mujer helénica, fragmento inédito”, versión digitalizada.

Vernant, Jean Pierre.

Vidal Naquet, Pierre, “Mito, y la Tragedia en la Grecia Antigua”, vol II, Ana Iriarte, traductor, Paidós, 2002.



[1] Eliade, Mircea, “Aspectos del Mito”, 1ª.ed., Luis Gil Fernández, traductor, Paidós Orientalia, Madrid, 1968, p.29.
[2] Léví-Strauss, Claude, “Mito y Significado”, 1ª reimpresión de la 1ª ed., Héctor Arruabarrena, traductor, Alianza Editorial, México, 1989, p.38.
[3] Grimal, Pierre, “Diccionario de mitología griega y romana”, 6ª ed., Francisco Payarols, traductor, España, 1979, p. 89.
[4] Nietzsche, Friedrich, “La mujer helénica, fragmento inédito”, versión digitalizada, p.3.
[5] Grimal, op. cit. p.234.
[6] Homero, “La Iliada”, Versión digitalizada, p.49.
[7] loc. cit.
[8] ibid.
[9] id.
[10] Vernant, Jean Pierre.

Vidal Naquet, Pierre, “Mito, y la Tragedia en la Grecia Antigua”, vol II, Ana Iriarte, traductor, Paidós, 2002, pp. 82-83.

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